No sé qué alcance tendrá, si será algo que solo se da en el centro y en las calles más conocidas, o solo en esas que tienen nombres de personalidades. La cuestión es que no es difícil encontrar paneles informativos justo debajo de los rótulos de las calles. En ellos aparece una biografía reducida del personaje en cuestión junto con una fotografía o dibujo del mismo. Una bonita iniciativa, a mi modo de ver. domingo, 29 de julio de 2007
Nombres de las calles
No sé qué alcance tendrá, si será algo que solo se da en el centro y en las calles más conocidas, o solo en esas que tienen nombres de personalidades. La cuestión es que no es difícil encontrar paneles informativos justo debajo de los rótulos de las calles. En ellos aparece una biografía reducida del personaje en cuestión junto con una fotografía o dibujo del mismo. Una bonita iniciativa, a mi modo de ver. miércoles, 25 de julio de 2007
De cine y muerte
Uno de mis destinos estaba claro: la calle Dzika. En ella se encuentra el grupo de edificios en las que Krzysztof Kieslowski grabó su famoso Decálogo de finales
Siguiendo con mi paseo, me topé con el Umschlagplatz, palabra alemana que viene a significar algo así como "punto de carga". Se trata de un monumento de mármol blanco y negro, erigido en lo que fue el gueto de Varsovia. Se calcula que 800.000 judíos fueron llevados por los Nazis desde aquí, en vagones de carga, hasta las cámaras de gas del campo de exterminio de Treblinka.
En ella ejerció el sacerdocio Jerzy Popiełuszko, brutalmente asesinado en 1984 por tres oficiales de la policía de la época comunista en Polonia. Apaleado hasta la muerte, fue luego arrojado al río Vístula. Su muerte no hizo más que acrecentar la repulsa de los polacos al comunismo, que caería cinco años más tarde. Su tumba, se encuentra junto a la iglesia. Agnieszka Holland dirigió una película que trata esta historia: Conspiración para matar a un cura (1988).lunes, 23 de julio de 2007
Domingo, niedziela
viernes, 20 de julio de 2007
Algunos videos
Hoy he tenido la segunda clase de español. Ha ido bastante bien. Es una gozada coger el metro y llegar al edificio donde doy las clases en 7 minutos... atrás quedaron los tiempos de la Casal...
Una vez que salgo de la estación de metro, y de camino al lugar donde doy las clases, hay una zona con una multitud de pequeños establecimientos (parecen módulos prefabricados). Entre ellos, abundan dos tipos: unos son bares, los otros sex shops. Es curioso verlos entre edificios de oficinas y bancos.
Dejo uno de los videos de los que hablaba aquí:
El resto son éstos.
miércoles, 18 de julio de 2007
Primera semana
Magda y yo encontramos piso al fin. Tras haber visto todos los anuncios de alquiler por el periodo de un mes, finalmente encontramos un piso muy cerquita de la Plac Wilsona. A tan solo unos dos kilómetros y medio del centro. La ventaja del emplazamiento es el encontrarse en un nudo de comunicaciones -tenemos tranvía, autobuses y metro a unos pasos del apartamento-, lo que se traduce en 7 minutos para llegar al centro.
Tras encontrar el piso, teníamos enfrente otros problemas. Uno de los que más me preocupaban era el del equipaje: qué llevar y cómo. Afortunadamente, como ya dije en mi anterior entrada, Jorge me acompañaba, así que abusando de su generosidad, le endosé una maleta que podía llevar como equipaje de mano en el avión. En ella iban casi todos los libros que había seleccionado además de una buena colección de cds (copias de seguridad).
Por supuesto, la otra gran preocupación, era la de que esos 2.600 kilómetros estarían ahora entre mi familia y yo. Ésta es la parte más dura, aunque supongo que todo es una cuestión de acostumbrarse a la nueva situación. Hoy en día todo está más cerca por las comunicaciones, los medios de transporte... Pero aún son 2.600 kilómetros...
Por fin, el día 11 de julio, llegamos a Varsovia. Fue una suerte el venir acompañado. Las horas de espera en el aeropuerto pasaron mucho más rápidas. También desaparecieron muchos nervios, aunque la despedida con mis padres en Sevilla fue dura. Pero no sólo por eso fue una suerte el venir acompañado; hemos pasado unos días geniales en compañía de Jorge (ćwir ćwir).
Varsovia en verano. Todas las demás veces que había venido antes fueron durante el invierno. Así que, por ridículo que parezca, una de las cosas que más disfruté al aterrizar fue el hacerlo mientras todavía era de día. La ciudad está más bonita aún de lo que me imaginaba. Hay muchísimo verde por todas partes: árboles, parques, incluso bosques. Muchas veces da la sensación de que la ciudad no es tal, sino un pueblecito, o una ciudad pequeñita.
Hace ahora una semana que estoy aquí. Una semana que ha cundido bastante. Junto a Jorge, hemos visitado casi todos los sitios más conocidos de la ciudad. La Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva, el monumento al Levantamiento, el museo del mismo nombre, el palacio de Wilanów, el parque Łazienki... En el último, asistimos a un concierto de piano con obras de Chopin, fue un lujazo el escuchar a Chopin junto a la estatua que tiene en este parque; toda una experiencia. También subimos al mirador del Palacio de la Cultura y la Ciencia, en su planta número 33. El edificio, considerado como uno de los símbolos de Varsovia, junto a la sirena, fue un regalo de Stalin a la ciudad...
Pero no sólo han sido visitas. Estos días también han sido el comienzo de Magdalena en su nuevo trabajo. Y hoy mismo, 18 de julio, he empezado mis clases (clase) de español aquí. Se trata de una alumna de un bufete de abogados en un edificio de oficinas del centro de la ciudad. Los nervios estaban ahí, por supuesto, pero todo ha ido bien... espero.
Entre las cosas que tengo pendientes aún, está el empezar a aprender polaco. Es posible que una amiga de Magdalena empiece a enseñarme pronto. Paciencia ha de tener...
En fin, esta entrada se ha hecho larga, pero hacía mucho tiempo que no escribía, como dije al principio. Espero hacerlo más a menudo a partir de ahora.
Gracias por vuestra paciencia para leer este rollo.
martes, 12 de junio de 2007
Aún en Alcalá
Lo mejor, la satisfacción que te da el saber que estás haciendo algo que quieres hacer; lo peor, la espera que se ha hecho larga y tediosa. -Parece mentira, pero se echa de menos estar trabajando-.
El viaje, el día 11 de julio de 2007. Sevilla - Barcelona - Varsovia. Vuelo nacional... El acompañante, mi amigo Jorge, un gran tipo al que aprecio enormemente, un hermano.
Preparativos y más preparativos. Cada día surgen más detalles que ya casi se olvidaban. Pero me lo tomo con tranquilidad, como casi todo... Al fin y al cabo, estoy convencido de que muchas cosas quedarán olvidadas aquí...
Muchas cosas, pero no personas. Familia (en la que incluyo a Luna), amigos, conocidos...
Mientras tanto, Magdalena y yo nos dedicamos a buscar piso para alquilar: con un poco de suerte lo tendremos pronto. No está siendo tarea fácil. Los pisos más nuevos, y de precios más asequibles (unos 1.500 zl, aproximadamente 390 €) están a las afueras, lo que supone una pérdida diaria en transportes de unos 45 minutos para ir a trabajar, otros tantos para volver... Equitativo al tiempo que pierden diariamente los alumnos alcalareños de la Universidad de Sevilla en los autobuses de la Casal. Por ello es importante buscar un lugar bien comunicado y desde el que los desplazamientos no nos tomen demasiado tiempo.
Varsovia es una ciudad bastante amplia, 1.700.000 habitantes, con un desarrollo más horizontal que vertical -lo que no quita que haya numerosos altos bloques de hormigón de la época comunista-. Esta fisonomía de la ciudad, le permite tener amplias zonas verdes por todas partes. Los medios de transporte, tranvías, autobuses y metro, son muy eficientes, pero eso no quita que tengan que recorrer varios kilómetros: de norte a sur, la ciudad mide unos 20 kilómetros.
Pero antes de recorrer esos 20 kilómetros, hay que recorrer los 2.600 que me separan de ella.
Aquí comienza todo, pues.
