miércoles, 18 de julio de 2007

Primera semana

Hace mucho tiempo que no escribía. Muchas cosas han pasado desde entonces.

Magda y yo encontramos piso al fin. Tras haber visto todos los anuncios de alquiler por el periodo de un mes, finalmente encontramos un piso muy cerquita de la Plac Wilsona. A tan solo unos dos kilómetros y medio del centro. La ventaja del emplazamiento es el encontrarse en un nudo de comunicaciones -tenemos tranvía, autobuses y metro a unos pasos del apartamento-, lo que se traduce en 7 minutos para llegar al centro.

Tras encontrar el piso, teníamos enfrente otros problemas. Uno de los que más me preocupaban era el del equipaje: qué llevar y cómo. Afortunadamente, como ya dije en mi anterior entrada, Jorge me acompañaba, así que abusando de su generosidad, le endosé una maleta que podía llevar como equipaje de mano en el avión. En ella iban casi todos los libros que había seleccionado además de una buena colección de cds (copias de seguridad).

Por supuesto, la otra gran preocupación, era la de que esos 2.600 kilómetros estarían ahora entre mi familia y yo. Ésta es la parte más dura, aunque supongo que todo es una cuestión de acostumbrarse a la nueva situación. Hoy en día todo está más cerca por las comunicaciones, los medios de transporte... Pero aún son 2.600 kilómetros...

Por fin, el día 11 de julio, llegamos a Varsovia. Fue una suerte el venir acompañado. Las horas de espera en el aeropuerto pasaron mucho más rápidas. También desaparecieron muchos nervios, aunque la despedida con mis padres en Sevilla fue dura. Pero no sólo por eso fue una suerte el venir acompañado; hemos pasado unos días geniales en compañía de Jorge (ćwir ćwir).

Varsovia en verano. Todas las demás veces que había venido antes fueron durante el invierno. Así que, por ridículo que parezca, una de las cosas que más disfruté al aterrizar fue el hacerlo mientras todavía era de día. La ciudad está más bonita aún de lo que me imaginaba. Hay muchísimo verde por todas partes: árboles, parques, incluso bosques. Muchas veces da la sensación de que la ciudad no es tal, sino un pueblecito, o una ciudad pequeñita.

Hace ahora una semana que estoy aquí. Una semana que ha cundido bastante. Junto a Jorge, hemos visitado casi todos los sitios más conocidos de la ciudad. La Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva, el monumento al Levantamiento, el museo del mismo nombre, el palacio de Wilanów, el parque Łazienki... En el último, asistimos a un concierto de piano con obras de Chopin, fue un lujazo el escuchar a Chopin junto a la estatua que tiene en este parque; toda una experiencia. También subimos al mirador del Palacio de la Cultura y la Ciencia, en su planta número 33. El edificio, considerado como uno de los símbolos de Varsovia, junto a la sirena, fue un regalo de Stalin a la ciudad...

Pero no sólo han sido visitas. Estos días también han sido el comienzo de Magdalena en su nuevo trabajo. Y hoy mismo, 18 de julio, he empezado mis clases (clase) de español aquí. Se trata de una alumna de un bufete de abogados en un edificio de oficinas del centro de la ciudad. Los nervios estaban ahí, por supuesto, pero todo ha ido bien... espero.

Entre las cosas que tengo pendientes aún, está el empezar a aprender polaco. Es posible que una amiga de Magdalena empiece a enseñarme pronto. Paciencia ha de tener...

En fin, esta entrada se ha hecho larga, pero hacía mucho tiempo que no escribía, como dije al principio. Espero hacerlo más a menudo a partir de ahora.

Gracias por vuestra paciencia para leer este rollo.

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